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Creando un mundo con energía libre de carbono


Una llamada a liderar la reducción del carbono en el COP21

Solíamos pensar que el “Sol Ardiente de Junio” era una nostalgia teñida de rosa por las pasadas vacaciones de verano, pero este año la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica) confirmó que en junio de 2014 la temperatura promedio global fue de 16,2C (61,2F), 0,7C más alta que el promedio del siglo XX. Mayo de 2014 también batió el record.

El planeta se está calentando, y nosotros somos los responsables. Menos mal que la probabilidad de tomar acciones para combatirlo también está aumentando. Recientemente hubo un llamado de Hank Paulson para ponerle precio a las emisiones de carbono; hubo un discurso de Angela Merkel, y el informe de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por su sigla en inglés), que señaló que hacia el 2035 se gastarían USD 40 billones en asegurar nuestras provisiones de energía y entregar servicios eléctricos.

El discurso de la Canciller Merkel (en una reunión informal de 35 países para discutir un nuevo acuerdo de cambio climático) sostuvo que “el mundo debe mostrar sus colores” y que “toda demora tiene un costo muy alto”. Indicó que “En Alemania estamos aceptando nuestra responsabilidad”.

Lo más importante que está pasando en el frente del cambio climático es el experimento que está ocurriendo en China con el comercio de carbono. Desde junio de 2013, 5 ciudades y 2 provincias están probando con el precio del carbono. La meta es averiguar como funciona el mercado del carbono. Los sectores público y privado están trabajando juntos en estas localidades. Hay que abordar muchas preguntas antes de presentar un esquema de precios de carbono a nivel nacional. ¿Cómo responderán los distintos sectores industriales al precio del carbono? ¿Qué cantidad y calidad de legislación es apropiada? ¿Cómo se medirán las emisiones? ¿Cómo se cobrarán las multas por la polución del carbono, y cómo se reciclará? ¿Cuál es un precio apropiado para que el carbono cambie el comportamiento humano? ¿Cambia este precio a medida que se reduce la cantidad de emisiones?

China tiene un sistema único de planificación. Le gusta experimentar a nivel de ciudad y provincial, con esquemas piloto antes de probarlos a nivel nacional. El desempeño espectacular y prolongado de la economía China está basado en el sistema de planificación más profundo e integral de todas las economías del mundo. Ya sabemos que los intercambios de carbono han sido establecidos; se tranzan toneladas de carbono y se pagan precios reales. Shenzhen, por ejemplo, tiene 630 compañías que participan en este esquema.

Como sabemos, China es la civilización más antigua. Tiene la tradición más larga de auto-gobierno, y su burocracia ha sido una meritocracia por miles de años.
En los últimos dos años, he propuesto que China y Europa lideren al mundo en el COP21 y le establezcan un precio al carbono que lleve a la sociedad hacia la energía libre de carbono globalmente. A pesar del fracaso del COP19 en Copenhague, creo firmemente que se puede lograr un nuevo acuerdo en el COP21 en Paris, en diciembre de 2015.

Creo que este será un acontecimiento en la historia de la energía de este siglo. ¿Decidirán los políticos que se junten en Paris poner a la ciencia en el centro de sus decisiones políticas, o permitirán que los intereses particulares y la sabiduría convencional dicten la agenda? Este es el momento para que triunfe la ciencia y no la ideología.

Lo que está en juego para nosotros como sociedad global es la respuesta a una pregunta, ¿”seremos capaces de planificar un futuro sustentable y sin polución”? Esta pregunta es parte de otra igualmente significativa: “¿vamos a asignar nuestro escasos recursos de capital persiguiendo hidrocarburos más profundos, remotos, más caros y contaminantes, o vamos a asignar estos recursos a la creación de fuentes de energía renovable?”

La IEA señala que podemos seguir excavando petróleo y gas de alto costo, abriendo nuevas minas de carbón, y usando los actuales canales de distribución, o podemos utilizar la misma cantidad de dinero ($40 billones) para crear energía sustentable. La gran contribución de la IEA es haber hecho los cálculos y haber contrapuesto las alternativas. La ruta fósil a nuestro nuevo futuro energético probablemente nos lleve a aumentos de temperatura de entre 4 y 6 grados. Si actuamos ahora para empezar a crear una solución completamente sostenible podemos limitar el alza de temperatura a 2 grados.

Una de las ventajas menos conocidas de las energías renovables es que son locales. En mayor o menor grado, existen en todos los países del mundo. La energía renovable lleva también a aumentar el empleo local. Esto se puede contrastar con las exploraciones de combustibles fósiles, que nos están llevando al Ártico y al Atlántico medio, pero también a tirar billones de dólares al suelo en el Medio Oriente. El efecto económico multiplicador es casi inexistente al tomar la ruta de los combustibles fósiles, mientras que al tomar el camino renovable reemplazamos las importaciones y sustituimos las fuentes locales de energía.

Para algunos, la visión de un mundo sin combustibles fósiles es simplemente imposible. A aquellos que piensan así, les diría: ¿quién se habría imaginado hace 10 años que Alemania iba a tener 40.000 MW de energía solar FV instalada en 2014, y que el impacto sería tan profundo que las compañías de servicios eléctricos enfrentarían inmensos riesgos en términos de viabilidad en un mundo dominado por energías renovables?.

¿Quién habría previsto que la energía eólica sería 25 % más barata que una planta de carbón nuevo en Sudáfrica? Un estudio del gobierno mostró cómo Medupi y Kusile, las dos nuevas plantas energéticas a carbón costarían 0,99 Rand por unidad de electricidad a lo largo de sus vidas, mientras Mainstream y otras compañías ofertaron un promedio de 0,76 Rand por unidad en la última ronda de programas competitivos para construir una planta de energía renovable.

De igual importancia al bajo precio de las energías renovables es el hecho que los proyectos eólicos y solares se construyeron en el tiempo propuesto y acorde al presupuesto, sin contratiempos, y Sudáfrica puede mirar al futuro con muchos otros proyectos de energía renovable que golpean fuertemente el costo del nuevo carbón.

China y la UE deben llegar al COP21, junto a Estados Unidos, con planes ya trabajados para ponerle un precio al carbono que cambie nuestro comportamiento, para ir gradual y sistemáticamente reduciendo las emisiones de carbono a la atmósfera hasta llegar a cero.

Sólo entonces nuestros hijos podrán mirar hacia el sol ardiente de junio y agradecernos el haber tomado las acciones que tomamos.

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