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Mainstream Renewable Power Chile

Para el futuro del planeta, la verdadera victoria de la semana pasada fue en Santiago, no en Río


Por Eddie O’Connor, Director Ejecutivo de Mainstream Renewable Powerfeaturebox_0000_box5

 

Chile es un gran país. Casi una isla en América del Sur, rodeado de montañas, desierto y océano, por décadas constantemente ha buscado políticas económicas orientadas al mercado, destacándose de sus vecinos. A comienzos de este mes, la Comisión Nacional de Energía anunció los resultados de la más grande licitación eléctrica que ha tenido el país para una capacidad de 3GW. Fiel a los principios de Chile, esta licitación fue abierta para todos; actores convencionales y nuevos, energías fósiles y renovables, locales y extranjeros. La licitación la ganaron, en su mayoría, las empresas de energía renovable, que dejaron fuera de competencia a las grandes generadoras, y desplazaron a las nuevas plantas a gas.

Nuestra compañía, Mainstream Renewable Power, se adjudicó un tercio de la capacidad ofrecida. El precio promedio que ofertamos, cercano a USD 40/MWh, representa una reducción muy significativa del costo de la electricidad en comparación con licitaciones anteriores, que generalmente excedía los USD 100/MWh. No solo las actuales plantas generadoras a carbón no pudieron competir con este precio, también las nuevas plantas a gas tuvieron problemas para competir.

Los resultados de esta licitación revelan varios aspectos interesantes. En primer lugar, es un hecho que la energía eólica y solar está dejando fuera de competencia a la generación a carbón y gas alrededor del mundo. En los últimos años, hemos visto precios comparables a los de Chile en África y Asia. El resultado en Chile es el primer ejemplo de una licitación verdaderamente “abierta”, donde las energías renovables han competido directamente con la generación a base de fósiles, incluyendo plantas totalmente amortizadas, y aún así, ganaron.

En segundo lugar, las generadoras convencionales están enfrentando problemas para competir en esta nueva realidad. Se entiende como el fenómeno de “espiral de muerte de los servicios”, y compañías visionarias tales como ENEL, E.ON y RWE se están reestructurando para competir en el futuro, pero en muchos mercados los servicios estatales, protegidos de la competencia desde sus inicios, ven que nuevos actores se están llevando una porción de la torta frente a sus propios ojos. Los intentos de algunas de estas compañías por frenar el progreso de las energías renovables han sido infructuosos, ya que los gobiernos están siendo testigos de los beneficios económicos y sociales que entrega la energía limpia.

En tercer lugar, la progresiva velocidad a la que disminuyen los precios de la energía renovable hace que aquello que antes fue la tecnología del mañana hoy sea innecesaria. En el Reino Unido, la planta nuclear Hinkley C ya no es vista como parte del futuro, debido a que los precios de la energía renovable han caído tan drásticamente, que la energía eólica y solar se ha vuelto mucho más competitiva que la nueva energía nuclear.

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Lo más interesante es que este no es el fin de la historia, sino que es solo el término de un capítulo en particular. Por muchos años a la industria de las energías renovables se nos dijo que nunca podríamos competir con la generación fósil actual. Ahora hemos demostrado que sí podemos. El nuevo capítulo que se avecina habla sobre tecnología. Cómo una mejor administración de la demanda, almacenamiento y respuestas flexibles permitirán a las energías renovables generar energía a niveles mucho más significativos.

Además, el futuro desarrollo de la tecnología de generación de energía eólica y solar permitirá reducir los costos aún más al producir mayor electricidad en cada unidad. A fines del 2013, el gobierno del Reino Unido otorgó una serie de contratos para nueva generación eólica marítima a £150/MWh. En julio de 2016, el gobierno de Holanda anunció que la oferta ganadora de su licitación de energía eólica marítima era de EUR73/MWh. Los costos no son directamente comparables, pero representan una significativa caída en los precios durante ese período de tres años, impulsado por mejoras en la tecnología, escala, y mitigación de riesgo.

En junio de este año, la Agencia Internacional de Energía Renovable informó que el costo de la energía solar y eólica podía bajar aún más, hasta 59% entre 2015 y 2025. Yo creo que esta estimación es conservadora. La innovación en el diseño y el uso de componentes, ya sea con fibras de carbono en las aspas de las turbinas eólicas, perovskita en los paneles solares, o grafeno para el almacenaje, reducirán los costos a través de mejoras en eficiencia y capacidad.

Incluso, por sí mismas estas caídas de precios y avances tecnológicos ya son bastante drásticos. Lo que los hace verdaderamente significativos es que los combustibles fósiles deben ser reemplazados -y no construir ninguna planta de energía fósil- si queremos cumplir con el imperativo de limitar el alza de la temperatura global en 2°C. Solo este mes, la NASA y el NOAA confirmaron que julio del 2016 ha sido el mes más caluroso desde 1880. La temperatura promedio del mes a nivel global fue 1,57°C por sobre el promedio del siglo 20. No podemos permitir que esta tendencia continúe. No utilizar combustibles fósiles para generar electricidad es una forma de ayudar a frenar esta trayectoria ascendente.

Lo que pasó a mediados del mes de agosto en Chile es otra página de la historia que se está desarrollando sobre la excepcional transición hacia la sustentabilidad que se observa en el mundo entero. Ante lo que muchos temían que sería un cambio climático catastrófico, la humanidad ha respondido con innovación y gran esfuerzo para desarrollar una alternativa a los combustibles fósiles para generar energía. El mundo puede haber estado atento y aplaudiendo los Juegos Olímpicos de Río, pero la verdadera victoria global ocurrió al otro lado de los Andes, en Santiago, con los resultados de la licitación eléctrica anunciados por la Comisión Nacional de Energía de Chile.

 

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